miércoles, 29 de julio de 2015

Las palabras pueden cambiar el mundo

A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.
No leemos y escribimos poesía porque es bonita.
Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión.
La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida, pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor, son las cosas que nos mantienen vivos.

Citando a Whitman:
"Oh mi yo, oh vida de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios, qué de bueno hay en estas cosas, oh mi yo, mi vida.
Respuesta:
Que tú estás aquí, que existe la vida, y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso."

El club de los poetas muertos.

martes, 3 de febrero de 2015

Persiguiendo una estrella fugaz

... Lucille nunca me comprendía porque me gustan demasiadas cosas y me confundo y desconcierto corriendo detrás de una estrella fugaz tras otra hasta que me hundo. Así es la noche y eso produce. No puedo ofrecer más que mi propia confusión.

En la carretera - On the road | Jack Kerouac

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Por qué no nos callamos?

De los ejercicios que mi profesor de arte dramático Juan Carlos Corazza nos planteaba, el que más me inquietaba era el de sentarme frente a un compañero y mirarlo a los ojos en silencio. Debíamos advertir todo lo que nos provocara el solo hecho de detenernos en la mirada frontal del otro, ya fuera una reacción emocional o un impulso físico, pero sin expresarlo de ninguna forma. Nada más.
Qué difícil me resultaba entregarme a algo tan simple como mirar con franqueza a otra persona. No había modo de esquivar la verdadera amenaza en la que pueden convertirse unas pupilas afiladas apuntándole a uno. Medirse de esa manera tan descarnada delante de un desconocido y obtener como respuesta el mismo escrutinio era como verse en el espejo más diáfano y cruel. Era encontrarnos a boca de jarro con nuestra indefensión, con lo hechiza que podía ser nuestra atesorada personalidad, con la dificultad de salvar el hueco que se ocultaba detrás de todas nuestras ridículas verdades y conceptos sobre lo que creíamos ser. En ese momento quedaba al descubierto el vacío de los juicios y cuán rudo era tener que soportarlo como testigos del otro. Pero luego, pasada la crisis de tanta desnudez, sobrevenía un alivio cómplice y terminábamos con el alma como recién lavada.

Hay silencios horrendos, pero hay otros de mejor calidad como el del ejercicio de clase, que revelan hasta qué punto llega nuestra aceptación de lo que hay sin manipularlo. Me remití a las pausas de la vida diaria. Qué amable es compartir esa quietud serenamente y no sentir la urgencia de llenar espacios con ochenta ‘te amos’, cantaletas, lugares comunes y músicas de fondo. No hay nada que hable mejor de la sana intimidad que un silencio cómodo entre dos personas.
Me pregunto de dónde viene ese temor a quedarnos sin argumentos. Es sospechoso que necesitemos tantos para justificar el hecho humano en esta vida cada vez más dudosa. ¿Por qué no nos callamos?

La reiteración, el exhibicionismo y la vulgaridad gritan la ausencia de ese silencio reparador, el que necesita la inspiración para exhalar y el que precisa la música para hacer más elegantes sus cadencias. Me refiero a ese silencio generoso absolutamente consciente y, por qué no, valiente, pues su textura nos confronta con lo más real que podemos rescatar del fondo de esa turbia laguna mental en la que nos hemos acostumbrado a nadar.

Margarita Rosa de Francisco

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¡Oh mi yo!, ¡oh, vida!

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios,

De mí mismo,
que me reprocho siempre (pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida?

Respuesta:

Que tú estás aquí - que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que tú,
puedes contribuir con un verso.

WALT WHITMAN

O Me! O Life!


https://www.youtube.com/watch?v=IbX8SUMsquo

jueves, 10 de julio de 2014

Pensamos demasiado, sentimos muy poco

Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, no quiero gobernar ni conquistar a nadie sino ayudar a todos si fuera posible, Judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.

Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.

Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

¡Soldados!
No os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo qué tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir.

Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquina.

Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo lo que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.

¡Soldados!
No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre, no de un hombre ni en un grupo de hombres, sino de todos los hombres…” ¡Vosotros!, vosotros el pueblo tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder. Pero mintieron; no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón.

Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

¡Soldados!
En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.



https://www.youtube.com/watch?v=QcvjoWOwnn4
Charles Chaplin, El Gran Dictador.

lunes, 7 de julio de 2014

¡Qué lástima!

¡Qué lástima que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas a las glorias de la patria!

¡Qué lástima que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.

¡Qué lástima que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.

¡Qué lástima que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla.

¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla,
retratado con una mano cruzada en el pecho,
y la otra en el puño de la espada!

Y, ¡qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana, ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala muy amplia y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala tan amplia y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.

¡Qué gracia tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca...
En una caja muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre
el cristalito de aquella caja tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

León Felipe

miércoles, 28 de mayo de 2014

Su corazón siempre duele al ver una mujer con un abrigo rojo.


Miró a su esposa cruzar la calle, con el abrigo rojo que siempre juró que tiraría, pero que siempre sacaba de su armario año tras año. Así era con todo. Fue algo que le atrajo cuando se conocieron. La ropa que usaba una y otra vez. Los montones de labiales si usar…  la canción que cantaba mientras cocinaba, pertenecían a una vida que ahora parecía extraña. Una vida que estaba planeando dejar entre la entrada y el postre.
Le sorprendió lo extrañamente lógico que fue elegir ese lugar para dejarla.
El mismo lugar en el que se dio cuenta de que ya no la amaba.

Cuando ella sonrió, el casi gritó: ¡Voy a dejarte!. No sonrías. Pero simplemente le dio un trago a su kir. Otra cosa que le molestaba era que ella nunca ordenaba aperitivos ni postres, pero siempre se comía lo de él. Peor aún, él siempre ordenaba la comida que le gustaba a ella. ¿Me gustan los profiteroles? Se preguntaba.

Cuando ella empezó a llorar como él nunca había visto, al principio pensó que sabía que la dejaría por Marie-Christine, la atractiva azafata rubia a la que amaba hace 18 meses. “Se acabó”, pensó. “Lo sabe”. Lo sabe desde hace años. Debí haberlo supuesto. Aún llorando, sacó unos papeles y se los dio.

En fríos términos clínicos decían que tenía un leucemia en fase terminal.

Lo siento, dijo el médico.

En un instante, su primer propósito desapareció de su mente, y una extraña voz metálica empezó a decirle; ¡Tienes que superar esta situación!

Y lo hizo, pidió tres cajas de profiteroles para llevar, y le envió un mensaje de texto a su amante: Perdóname.

Atendió a su esposa en todo lo que ella quería. Colgando fotografías por toda la casa, llevándola a ver sus películas favoritas durante el día, buscando ofertas aunque odiaba ir de compras, leyendo Sputnik Sweetheart en voz alta para ella.
Hasta el más mínimo detalle tenía un sabor distinto, sabiendo que jamás podría volver a hacer lo mismo por ella.

Mientras canturreaba y cocinaba se acercIsabel Coixetecuperalorado.namorado,cerquara ella.8 meses.l postre. ó por detrás y la abrazó. Actuando como un hombre enamorado, volvió a ser un hombre enamorado.

Cuando murió en sus brazos cayó en un coma emocional y nunca se recuperó.

Incluso ahora, muchos años después, su corazón siempre duele al ver una mujer con un abrigo rojo.


Isabel Coixet

martes, 22 de abril de 2014

¡Emborráchate!

Estad siempre borrachos.
Nada más importa.
Es lo único importante.
Si no quieres sentir el horrible peso del tiempo
cuando sobre tus hombros te aplasta contra la tierra,
emborráchate continuamente.

¿Borracho de qué?
De vino, de poesía o de virtud, como quieras.
Pero emborráchate.

Y si alguna vez en las escaleras de un palacio
o en  una verde zanja
o en la terrible soledad de tu cuarto...
Te despiertas y la borrachera ha desaparecido,
pregúntale al viento.
O a las olas, o a las estrellas, a los pájaros, al reloj.
A todo lo que vuela, gime, se mueve, canta o habla.
Pregúntales qué hora es.

Y el viento, olas, estrellas, pájaros, reloj, te contestarán:
Es la hora de emborracharse.
Emborráchate continuamente.
Con vino, poesía, virtud, como quieras.

Charles Baudelaire.
Enivrez-vous

domingo, 13 de abril de 2014

Mi primera entrevista; el embajador de CS Victor Eekhof

Haz tus sueños realidad, la vida es muy corta para procrastinar, empieza a vivir AHORA.



Hace un par de fines de semana tuve la suerte de que mi gran amigo Pepe (el mejor Couchsurfer de Madrid y organizador de despedidas de solteras) me presentara a su Couchsurfer Victor, un holandés que es capaz de trabajar para un banco y comprarse una casa enorme, o dejarlo todo y meter su vida en una mochila para irse al Ártico a ser adoptado por pingüinos, conducir 14.000 km tanto en Australia como en Estados Unidos o irse en bicicleta desde Amsterdam hasta Hamburgo, o a Poznan, o de New York a Miami, o….cualquier idea que se le pase por la cabeza, con el único afán, de dejar de procrastinar y empezar a vivir sus sueños.

En tan sólo unas horas juntos hemos soñado, inventado y viajado. Nos hemos hecho ricos para volver después a ser pobres y una vez más ricos con nuestras ideas, hemos hablado del café que quiere montar en Amsterdam o hemos salido a correr en un casi continuo sprint de 7 km, hemos cenado en un buen mexicano y hemos hablado de vernos en algún lugar del mundo. De todas las conversaciones que tuvimos, una trató sobre hacerle una entrevista para mi blog, y, ¿sabes qué? Que he dejado de procrastinar para empezar a vivir mis sueños. La entrevista está en inglés porque, aunque Victor habla varios idiomas y entre ellos toca un poco el español, creo que se expresará mejor en su lengua materna. Espera, ¿lengua materna? ¡Pero si es holandés!


I would like you to introduce yourself here in a few words.
I would describe myself as a location-independent entrepreneurial Epicurean (http://en.wikipedia.org/wiki/Epicureanism)

  
What is your favorite word?
Vagabond, apart from the nice ring to it I recently found out what it really meant, which made the word stick


And your favorite sentence?
Excitement is the more practical term for happiness. Ok, it's a quote, but one I strongly believe in.


You told me that you want to visit all the continents before you are 30, what would you like to do before you are 40?
Good question. As with all good things, they can become boring after a while. I sincerely hope traveling will never become a boring thing for me (there is so much out there!), but I would honestly not know at this point what I would like to do between my 30th and 40th age. I just set one goal at a time and let life do its magic :)


Tell me a country to live in.
If you can work online, and therefore earn strong currency: Malaysia or Colombia
If you have to find a job locally: Australia or New Zealand


A city to live.
Ulaanbaatar (Mongolia). There are a lot of cool things happening in the Mongolian art/hipster scene, so there are lots of opportunities if that's your thing.

Or: Rio de Janeiro. I thought that this would be the Miami Beach of the south, but I found that the people are much cooler and down-to-earth, while keeping an open mind culturally speaking.


You've had your "memorable experiences”, could you share some of your very best?
It will have to be setting foot on Antarctica. It's otherworldly and scarily remote, the animals rule the continent and the weather is your greatest enemy.

I've done some memorable roadtrips as well, such as driving from Perth to Sydney (4000km) in 5 days by myself, and non-stop driving from Boston to Los Angeles in 2 days, almost ending up in a tornado on the way.


When the penguin family adopted you, did you get to pet a penguin?
I was very close, but the tour guide was keeping a close eye on me. You're not allowed to touch the animals or even be within 5 meters of any of them, unless they come to you. So, I sat down and had a couple of penguins marching close by me, but unfortunately none of them felt the need for a hug.


What would you say to those people who don't travel?
Try it, you have literally nothing to lose. Take your wife and kids with you, hop on a boat or plane and disappear into the horizon. If you have completed a long-term (min. 2 continuous months) trip and you think it was a life-changing experience, then traveling is probably not for you.


What would you say to those people who used to travel, but it seems like they forgot what it felt like?
i would asked them why they stopped traveling in the first place. Did something happened on the road? Did they meet someone and settled? Did they go bankrupt? If the answer is "I don't know, I just stopped", I would encourage them to incorporate at least some travel (in the form of a mini-retirement) in their lives to keep them from going insane :)


What is your worst traveling experience?
Apart from being robbed a couple of times, it must have been somewhere during my trip in China. I have had days in which I felt quite lonely and frustrated, since nobody that day even spoke anything close to English and didn't understand what I was trying to signal using body language. This way, even the most simple actions took lots of time and effort. Combine this with the (sometimes hard to understand) habits in the Chinese culture and you end up with a poor travel experience.


Would you care to reveal some of your latest projects?
I'm planning to walk 285km around Holland to raise money for the Dutch Cancer Research Fund in early August of 2014. I will use the route I created 2 years ago (but haven't walked myself yet) called the "Meaning of life walk", you can find it on http://www.hollandwalk.com.
Also, I'm attending the TBEX travel bloggers conference in Athens in October, and will hitchhike there from Amsterdam in a suit holding a Martini glass.

 
What do you have to / like to take with you on your travels?
I am trying to travel lighter every time I head out for a long trip. On my first trip I carried 23kg on my back and 10kg on the front, and had plenty of unnecessary gadgets and just-in-case items. On my last trip I carried 12 kg on my back and 5kg on the front and didn't feel like I missed anything. It's better to carry some "emergency cash" with you for extra clothes or other things and only take the bare minimum with you. I'm also experimenting with light synthetic quick-dry (t-)shirts, underwear and socks. So far, I would definitely recommend investing in these.

 
Do you have any kind of ritual for traveling?
Nothing unusual. Since I travel alone I always have enough music on my iPod to listen to on a 24h+ bus trip. During those trips I usually get in my own zone and it's hard to interrupt this (earplugs + reading a book or watching a movie = no social contact).

 
What's your favorite mode of transportation?
Local transport, using as little flights a possible. I love to travel great distances without missing the parts in the middle, which usually reflect the "real" life in a country more than anything else.

 
What is something you crave for while traveling?
Coffee and Chocolate. The latter is the first thing I look for in a local supermarket and the former is usually quickly found at a local cafe the first day I arrive in a new city or village.
 

Tell us of a place that you can't forget and a place that you don't want to remember.
I can't seem to forget New Zealand, since I had only been there for a short while (2 weeks) but feel like I should return there as soon as possible. It has all the elements I love: good coffee (Wellington), amazing nature and wildlife (anywhere in NZ), interesting culture (Maori) a laid-back city (Auckland) and an island mentality.
I don't really want to remember the Trans-siberian-express stage between Irkutsk and Moscow which took 4 days passing by identical train stations, landscapes (tundra) and train micro-culture. It wasn't a bad experience, but it was quite boring to be honest.

 
Did you ever find yourself in a difficult situation and how did you get out of it?
I once got stopped by a group of corrupt army officials in the jungle of Guyana. When they saw the mini-van I was in contained two "gringos" (Caucasians) they ordered for everyone to get out and hand in their passports. After a round of trash-talking ("what are you doing in my country?" and "you have a beard in your picture, you look like osama bin laden") the head offer "explained" that the police force in Guyana is working very hard and asked us what we can "offer" him. A 1000 Guyanian dollar (3.5 EUR) note in my wallet satisfied his needs, and he let us pass.

 
What is your traveling style? Do you like to travel with or without people?
I like to travel solo, since I'm always couchsurfing on my travels and therefore meet a lot of new people every day. On several occasions I decided to travel with another person that was also staying at the same place I was. The big benefit of traveling solo is that you are more receptive to the outside (social) world, and you are 100% free in (and responsible for) making your own decision.


I know you are Couchsurfing Ambassador and you have surfed hundreds of places and met hundreds of people. Tell me please your top 3 people and why they have a special place in your memories
Oomph, hard question. There are many, many amazing people I have met through couchsurfing. To me, it looks like couchsurfing hold either weirdos or super-awesome people. I'll mention a couple of experiences but won't mention any names to protect the innocent:

- A person that had a bag of 500 ecstacy pills and was giving them out to surfers to try.
- A person who has visited more than 140 countries, including several that I have not even remotely heard of
- A person that introduced me to a couple of books that changed my life
- A person that I've met up with in 7 different countries on different occasions
- A person that built a house to accommodate couchsurfers
- A person that I was making raunchy jokes with before we even met.
- Several people I felt an instant click with
- I have traveled with couchsurfers I just met from 1 hour up to 2 month

 
Why do you like CS?
People I meet through CS always surprise me. Since I have hosted and surfed quite a lot I tend to "know" what kind of person to expect, but I love to be (positively) surprised by someone's character. I get a lot of joy from interacting with people I feel comfortable with, and it's a great feeling to meet people you have an instant "click" with. 



**************
 
Victor es una de las personas con más carisma que he conocido, he aprendido un montón de cosas y me ha hecho sentir que yo le enseñaba otro gran montón. Ojalá tengas la suerte de encontrártelo alguna vez en alguna parte. Si quieres seguir sus pasos, aquí puedes hacerlo: www.victorstravels.com

lunes, 17 de febrero de 2014

Viajar solo a Marrakech - 6 días en la tierra del regateo, los olores y el color

¡Bienvenidos a Marrakech, tierras bereberes!


Mi primer pie en África, viaje a Marrakech de 6 días en solitario

Si vives en España y por un segundo has pensado que viajar a Marruecos va a ser otra pequeña experiencia más para tu colección de viajes a nuestros países vecinos, creo que estás muy lejos de la realidad.
Le estoy cogiendo el gustillo a eso de hacer viajes en solitario; a finales de noviembre de 2013 compré un billete ida y vuelta para uno en dirección a Budapest, 5 días y mil noches de lo que resultó ser un viaje lleno de lo que todos los viajes suelen contener, experiencias, experiencias pasajeras, experiencias inolvidables, aprendizaje, rarezas y semejanzas, sabores, miradas, música maravillosamente desconocida y reflexión.
En esta ocasión el destino elegido era mucho más cercano, y los 14 km que separan Marruecos de España pensaba que esconderían tras sus aguas unos finos trazos de diferencia y gruesas líneas de parentesco.

Por sólo 65 € Ryanair me dejó sus alas para volar más alto y más lejos de lo que nunca había volado, y cuando el avión perdía horizontalidad y una fuerza me empotraba en mi asiento, no podía siquiera imaginarme la barrera de realidades que íbamos a atravesar en una hora y cuarenta y cinco minutos.
Al poner un pie en tierras Marroquíes decía adiós al febrero de Madrid con sus lluvias y su frío, sus paraguas y sus abrigos calentitos.

En Marrakech, del aeropuerto a la Plaza Yamaa el Fna

La gran fiesta del conocimiento y aprendizaje a la que te has autoinvitado tiene lugar nada más cruzar las puertas del aeropuerto de Menara y, si eres observador, verás cómo desde el primer instante los marraquechís despliegan para tu bienvenida la mejor de sus banderas, pintada a base de insistencia, miradas profundas y un baile de palabras en al menos cinco idiomas, tratando, cada uno de ellos, de convencerte para cualquiera de sus propósitos.
El autobús para la ciudad que sabía existía, dejó de hacerlo en cuanto mis dos recientes acompañantes inglesas y yo preguntamos dónde cogerlo.

El viaje empieza su rumbo con el inglés activado y sin subtítulos

—Aún no lo sabía, pero ellos, los locales, con la mejor de sus sonrisas y la más firme de sus convicciones te dirán, casi siempre, que lo que buscas hoy no funciona o está cerrado, inventarán lo que haga falta para que entres en su taxi, pases por su calle o compres en su tienda.—

Después de dar muchas vueltas buscando el esquivo autobús y sortear docenas de invitaciones, decidimos preguntar el precio de un taxi hasta el centro. Abróchense los mismísimos cinturones que llevaban Marco Polo y Willy Fog en sus viajes, ya que en este momento y sin darse cuenta, la aventura les habrá subido sin preguntarles a lomos de su caballo árabe más veloz.
Nos pidieron 70 dírham por persona por llevarnos hasta el centro, que, por si nadie lo ha dicho ya, está a unos 10 minutos en coche. Con un rápido mirar de ojos y unas palabras bien enfocadas, la más mayor de mis acompañantes consiguió en 10 segundos que pagáramos 70 (casi 7 euros) por los tres en vez de 210.

La Plaza de Yamaa el Fna

Cuando llegas a la plaza principal de Marrakech, (dicen que es una de las mayores de Marruecos, África y el mundo, —parada obligada de todos los turistas—), te encuentras en el corazón de La Medina, una ciudad amurrallada construida hace mil años que, apostaría, conserva en su corazón al menos la mitad de sus tradiciones y maneras de vivir el día a día.

Cuando viajo a un país que desconozco me gusta llenar mi cántaro de desconocimiento hasta rebosar, que salpique, para así, una vez allí, contemplar con entusiasmo cómo éste se va vaciando lentamente, dejando paso a lo nuevo, a lo aprendido, llenándose aún más lentamente de matices, olores, colores, sabores e imágenes antes ajenos. Dejar el cántaro lleno de desconocimiento es un proceso en apariencia simple pero que a veces resulta complicado. No leer, no informarse, no preguntar, no ver, no escuchar nada acerca del país al que vas, como esa película de cine a la que entras sin saber más que el nombre y te deja con la mirada fija, sin pestañear y atado al asiento durante el largo y ancho de su cinta.

Carruajes en la Plaza de Yamma el Fna

La Gran Plaza se me asemeja a un mar de sensaciones, donde nacen o van a morir cientos de riachuelos que son sus callejones; calles estrechas y oscuras, que se esconden del sol parapetadas bajo sus toldos y banderas, terrazas altas y ropas de cien millones de colores, tendidas de cuerdas gastadas bajo el sol. Cada callecita me parece que tiene la antigüedad y el movimiento de cien Madrides y cien Barcelonas, y creo que en una sola hora de cualquiera de sus plazuelas, trascurre más vida que la vida que llevo a mis espaldas.

Antes de dar un paso o mirar siquiera tus pies, serán al menos diez las personas que traten de captar tu atención, y si ni los monos ni las serpientes te han llamado ya primero, te verás a ti mismo acercándote a un hombre con una sonrisa de extremo a extremo de su cara, sonrisas por cierto casi todas sinceras y casi todas con una belleza rota, a su manera, desprendida.  Perdí la cuenta de los zumos de naranja y pomelo que pude tomarme, pero lo que sí recuerdo es la sensación que se me quedó en el cuerpo tras mi primer sorbito, al darme cuenta de que quizás era el zumo más delicioso que había probado y, con creces, el más barato. Todo lo que crees saber de economía, compra y venta de productos, artesanía y mano de obra (que en mi caso no es mucho) parece derrumbarse poco a poco cuando vas a un país como este.


Desde tus zumos a 35 céntimos, no podré volver a mirar uno en Madrid con buenos ojos.

 

De monetes y manitas

Al venirme a la cabeza el triste recuerdo de los chillidos constantes de los monos de la plaza, unos enjaulados, todos encadenados y otros con pañales arrancando el pelo a los turistas, viene acompañado y sin quererlo uno de mis más tiernos y graciosos recuerdos del viaje. Después de comprar medio kilo de cacahuetes y sentarme en un banco a comerlos hasta casi explotar, iba paseando por la plaza con la bolsa medio vacía cuando uno de los hombres me dijo que si quería una foto con una de sus "mascotas", y en vez de eso lo que hice fue alargar la mano con un cacahuete en la punta y ofrecérsela a mi peludo nuevo mejor amigo.

Sentir una mano pequeñita de cinco dedos, tibia, suave y áspera al mismo tiempo, acercándose a la tuya, mientras unos ojitos de un negro profundo te miran, esperando quizás con tristeza y resignación que en cualquier momento les digas que es una broma y apartes la mano y sólo les regales un clic de tu cámara, es indescriptible, pero aún más indescriptible es el escuchar a los otros cinco monitos de al lado, alto y claro, cómo en un perfecto castellano te dicen: ¡EH! ¡EH! ¡HIJO DE PUTA! ¡TURISTA! ¡AQUÍ! ¡EH CERDO! ¡CACAHUETES! ¡¿Es que no me oyes?! ¡¡EEEEEEEH!! ¡¡ESPAÑOL!! ¡CACAHUETES! ¡¡¡CA-CA-HUE-TES!!! y cómo imaginé que de tener una pistola o una vieja cimitarra habrían acabado conmigo a balazos o sablazos para rebuscar tranquilos en mi bolsita llena de un nutritivo tesoro. Por supuesto sólo pude levantar las manos en señal de sumisión y regalarles la bolsa, quedar perplejo frente a su destreza e imaginar un mundo donde no hubiera monos con Dodotis ni hombres con necesidad de ponérselos.
Cuando por fin uno trepó por mi pierna y se encaramó a mi brazo, tuve el inmenso placer de acariciar su cabecita, mirarlo a los ojos, abrazarlo, y gritar en medio de la plaza "suéltame mono cabrón" cuando se agarró fuertemente a mi pelo.
No es nada nuevo mi amor por los animales, pero si de amor y de animales tratan estas líneas, dejo aquí por escrito que ojalá algún día pueda vivir la experiencia de compartir mi vida con un mono vivir varios días entre nuestros semejantes más graciosos y peludos, para aprender, desde sus ojos, el mundo que me rodea.

Voces entrelazadas, la llamada de los musulmanes a rezar

Si nunca has estado en un país árabe, quizás no percibas muy bien la parte en la que voy a relatar cómo los pelillos de mi brazo se elevaron hasta el cielo.
Marrakech, al igual que todas las ciudades y pueblos españoles, está lleno de templos, sólo que los suyos, a diferencia de los nuestros, cinco veces al día se yerguen entre la marea de voces y ruidos del pueblo para, desde lo alto de una alta torre, llamar a los fieles a rezar (Adán). Tuve la suerte de contemplar ese espectáculo por primera vez desde una terraza con vistas a la Gran Plaza, la cual está rodeada por al menos tres mezquitas. Una voz cristalina de hombre se alza en medio del tumulto sin dejar lugar a dudas de su procedencia, y tus ojos y sentidos varios, automáticamente se dirigen hacia allí. Mientras escuchas la escalada y delicadeza de sus tonos, y cómo se alargan las palabras que bien surcarían los cielos hasta más allá de la cordillera del Atlas, te das cuentas de estar presenciando algo sublime, de ser partícipe en el movimiento de algo que no comprendes pero que a fuerza de belleza respetas.

Palacio Bahía, Marrakech


De repente, cuando te encuentras en el punto que considerabas el culmen de la oración, se unen más voces cristalinas impulsadas por potentes altavoces venidas de diferentes puntos de la ciudad, confluyendo todas ellas en tu cabeza como si de un triángulo y de matemática se tratara. Deliciosas voces a capela fluyendo a coro desde los cuatro puntos cardinales, cantos entrelazados unos con otros en perfecta armonía, y ríos de hombres con barba y sin ella, con traje o sin él y con lustrosos zapatos o mugrientos pies dirigiéndose con paso decidido hacia esas palabras cercanas que los llaman.

Tambores tribales, silencios imposibles y estados alterados

En muchas partes del mundo, la noche no parece llegar después del día de una manera transitoria, sino más bien parece desplomarse sobre la tierra.
En cambio, La Plaza de Yamaa el Fna espera pacientemente durante horas su llegada, y si miraras con atención podrías ver cómo los actores que interpretan la obra de La Medina van cambiando, unos alternando sus papeles y otros, la mayoría, dejando paso a otros actores con otros decorados.

Con la última gota de luz difuminándose en la paleta de colores oscuros y pintando la noche, aparecen los primeros tambores, y en grandes círculos -casi todos hombres- se agrupan alrededor de una tenue luz de gas que apenas ilumina las pisadas, y con guitarras, banjos y todo tipo de percusiones acompañan los extraños cantos tribales que compiten unos con otros a ver quién es capaz de dar más calor al frío de la noche.


Músicos en la noche de La Plaza de Yamaa el Fna

Los tambores son golpeados sin descanso durante horas y, sólo durante unos instantes, callan, haciéndote pensar que han terminado por esta vez. Pero después, a veces cinco segundos, a veces un minuto más tarde, vuelven con un ritmo aún más frenético de manos estrellándose contra las pieles de los djembes y derbakes (darbukas), donde acompañan sus cantos que más parecen gritos, cada vez más altos y cada vez más rápidos.

Una vez leí en "La elegancia del erizo" aquella pregunta que Renée Michel se formulaba a sí misma de si el verdadero movimiento del mundo no sería sino la música, y siempre he pensado que hasta que no conozca la última de las danzas, el último de los cantos tribales y la más lejana de las canciones, no podría considerarme al cien por cien dentro de ese movimiento. Estar frente a cualquier músico en su momento de éxtasis es siempre como una bofetada de realidad que te ancla al ahora y al presente, pero creo que cuando te ves rodeado por un círculo de instrumentos y cánticos tribales, tu parte que llamas consciencia deja paso a una especie de estado donde tus sentidos no saben qué sentir y tu pecho en ocasiones se olvida hasta de respirar.

 Colores, olores, sonidos

En Marrakech hay miles de pequeños puestos donde puedes comprar cualquier cosa

Cuando sólo llevaba dos días de paseos por La Medina, me di cuenta de que ya añoraba aquel sitio y que en el momento en que me fuera de allí iba a extrañar muchísimo aquellas calles. Sentía como si tuviera poco tiempo y recuerdo cómo con cada bocanada de aire quería apropiarme de todos los olores y de cada vaivén del humo de los inciensos que llenaban las calles: sándalo, jazmín, canela, lavanda, de cada jabón perfumado y de sus muchísimas carnes lentamente cocinadas al carbón. Con cada abrir y cerrar de ojos intentaba percibir todos los detalles y empaparme de cada tonalidad del naranja, cada matiz del marrón, cada fruto exótico y cada verde de los camaleones. Respecto a lo que sentían mis oídos en Marrakech poco puedo contar que represente fielmente la fugacidad de unos sonidos en una ciudad de tal movimiento. Recuerdo los enjambres de motos que tentaban a la suerte en cada esquina, los pitidos constantes de los cláxones de su gran repertorio de camionetas, coches de tiempos pasados haciendo maniobras imposibles, tornos de artesanos girando y amontonando virutas en cada esquina, miles de máquinas de coser bordando y remendando día y noche sin parar, ruedas de madera crujiendo sobre los adoquines, cascos de caballos al trote, relinchos, palabras volando de lado a lado de los puestos de frutas, sus "amigo entra en mi tienda, sólo mirar", la banda sonora de la pobreza interpretada por cientos de niños, el tremendo vacío de sonidos repleto de silencios que dejaban a su paso las mujeres al caminar...


Camino pero no hago ruido

El comercio, la prisa mata

En Marrakech todo se vende y todo se compra. Comprobarás que es absolutamente imposible caminar sin que decenas de personas se abalancen sobre ti para que sigas girando la rueda del comercio. Ellos viven del turismo y no tienen ninguna intención de ocultarlo. Casi todo aquel que vende algo en La Medina es un experto negociante, y en numerosas ocasiones te verás a ti mismo comprando cosas que no necesitas, pagando precios desorbitados por baratijas, maldiciendo tu nombre por haberte dejado estafar, mirando con mala cara o gran sonrisa a los que te insisten, te agarran, te paran, te convencen. Con el pasar de los días, al despertar una mañana te reirás de quien eras a llegar, pero esa misma noche quizás te vuelvas a sorprender a ti mismo entrando sin querer en una tienda y maldiciendo tu nombre una vez más.

Mujer vendiendo cestos junto a la Madraza


Cuando viajas solo, nunca estás solo

Aquellos que no han probado nunca la pócima de viajar en solitario suelen preguntarme si he conocido a alguien, si he podido compartir buenos momentos con otros y si me he sentido solo, o incluso los hay que se plantean si el que viaja consigo mismo es porque no tiene con quién hacerlo. Me atrevería a decir que yo llegué muy rápidamente a la conclusión de que cuando viajas solo, te transformas tanto que todo a tu alrededor parece cambiar a tu paso, todos tus sentidos se vuelven más agudos y tu percepción de las cosas se altera. Las amistades son más rápidas y profundas y las afrentas mucho más fáciles de olvidar, tienes tanto por descubrir que instintivamente te centras en lo bueno que tienes por delante.
Cuando camino entre multitudes o en calles casi desiertas, disfruto de un vino o admiro unas ruinas, a veces me da por imaginarme cómo será la vida de la persona que pasa a mi lado y, lo mejor de todo, es que cuando viajo solo me doy cuenta de que si realmente quiero saber quién hay detrás de ese todavía desconocido, no tengo más que acercarme, sonreír y decir "hola". Quizás esa aparente vulnerabilidad que se le confiere a las personas en soledad es la mayor de sus virtudes. En este viaje he conocido a muchas personas de todos los continentes, y todos ellos eran como un cofre esperando a que lo descubras lleno de historias, anécdotas, aventuras, pasiones, puntos de vista, miedos y un montón de lo que a mí me parecían actos heroicos.

Una mujer asturiana que cruza Marruecos con una bici y sus alforjas como única compañía, un joven de inglaterra que, cansado del trabajo de oficina, se va de viaje por Europa antes de irse a enseñar inglés a una ciudad perdida en China, una mujer canadiense que tras cumplir 60 años recuerda que su sueño de juventud era viajar y conocer África (mamá, guiño, guiño), aquella mujer norteamericana de 75 años que había pasado por 93 países y conocido al amor de su vida a los 70, australianos que conocen casi cada pieza del puzle que compone el mundo... Puedes encontrarte a muchísimas personas cuando viajas tú solo, pero el que seguro te va a acompañar todo el camino, tendrás que aguantar, querer y conocer, es ese que te mira desde el otro lado del espejo desde hace tanto tiempo.

Fútbol en Eissaouira


Si has llegado hasta aquí y has prestado atención a lo que he escrito, tengo que decirte que en cierto modo siento pena. Ojalá si algún día viajas a Marrakech mis palabras no acudan de nuevo a ti y te dejen solo o sola en tu camino y, si finalmente van contigo, confío en que no sean más que una gota en el océano de tus difusos recuerdos, para que cuando pongas tu primer pie en Marruecos llegues aún virgen de sueños y experimentado ignorante.

Me avergonzaría de ser aquel que te quite uno solo de los prejuicios que llevamos siempre al inicio de nuestros viajes y siempre dejamos olvidados en ellos, ya que te estaría robando el mayor de los regalos que nos espera en cada destino.

Pescadores de peces y oportunidades en Essaouira
Sembrando reflejos

Antonio Herrero Estévez


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 Un simpático caballero dijo que "el librero" era pésimo y me dolió en el alma :(

Viajar sólo a marrakech